lunes, 16 de mayo de 2016

LOS MOLINOS DEL RÍO PERALES EN NAVALAGAMELLA


Sea porque a fuerza de repetir el nombre le hemos cogido cariño a este pueblo, sea porque desentumecer los músculos en un bonito paseo,... sea porque la excursión prevista (Peña Cítores era inviable por la nieve, volvimos Navalagamella, como queda claro en el cartel, del que toman posesión Rafa, Moha, Bernar, Adri, Maria Julián, Manuel, y Marco que, junto a Jose, fuerons los senderaistas del día.

Pero no piense el eventual lector de este blog que, como algunos turistas y domingueros acostumbran, no hicimos la visita de fot y aperitivo; al contrario, nos fuimos en busca del río, primero a través de este parque en donde ¡cómo no! nos encontramos una  ¡GAMELLA!, muestra elocuente de la cantería local.


 María y Adri estudian en detallae el artilugio, sabe dios con qué propósitos.
Mientras el resto del grupo se conforma con verla en la distancia, vamos, que nos fiamos del informe de Adri y María. 


Después del parque, un sendero cómodo y bien marcado nos hace descender hacia el río, inicio propiamente de la ruta. 





 Aquí aún íbamos agrupados, dicharacheros, difrutando de un día que por momentos amenazaba pero que, finalmente, fue piadoso con nosotros.
Y aquí vemos a Moha, estudioso él memorizando la ruta, no fueramos a perdernos
 Iniciamos un ascenso, cómodo a la par que hermoso, ya que las últimas lluvias se dejan sentir y el campo, siempre tan cumplidor, lo agradece.

 ¿Por qué hay sendero y no sendraistas? Pues verás, no sabemos si es que habían quedado, que el hambre acuciaba o qué, el caso es que la mayoría del grupo se lanzó ladera arriba.
 Hasta que una acomodatica mesa de picnic apareció en un recodo del camino y los sendraistas, en plan "ya que estamos" hicieron correr las primeras viandas del día.




Con algo menos de peso en los macutos (peso que, gustosamente, se trasladó a los estómagos) continuamos el camino, en el que empezaban a asomar las primeras flores de la jara.

 Ascendemos ahora por una pista, también bastante cómoda,













que nos lleva al punto más alto de la excursión


 Desde ese punto empezamos a perder altura hasta encontrarnos con el río Perales, más caudaloso que en nuestra anterior visita.





El camino es ahora un sendero que transcurre paralelo al río y el grupo vuelve a dispersarse, cada cual con sus cuitas, fotos y conversaciones.



Nuevo agrupamiento para descansar y tomar el sol, que ya lo veníamos echando en falta.



Y vuelta al camino, hasta que

Una nueva mesa de picnic (qué fino esto del picnic, oye), nos sugirió una nueva parada



Aunque hay quien prefiere solazarse al sol en una roca, que sobre gustos no hay nada escrito, al menos nada definitivo

Después de la comida y el subsiguiente reposo, afrontamos el último tramo de la senda


Ahora un poco más abrupta

Siempre al lado del río




Que nos devuelve al punto de inicio, desde donde tenemos que remontar y lo que era una suave bajada es ahora una subida un poco más costosa, pero sin exagerar.



Ya que en la susodicha subida hicimos amistades que nos miran desde el otro lado de la verja, entre incrédulas y asustadas
Culminamos la subida con una última parada en este pinar frondoso

Antes de dar con nuestros huesos en la parada del autobús que habría de devolvernos a Moncloa















Aunque, también aquí, cada cual espera en la posición y lugar que mejor le cuadra.











Y llegó el bus y volvimos a Madrid, quedando citados para la próxima, siempre con nuestros mejores propósitos de senderaistas.






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