María y Adri estudian en detallae el artilugio, sabe dios con qué propósitos.
Mientras el resto del grupo se conforma con verla en la distancia, vamos, que nos fiamos del informe de Adri y María.
Después del parque, un sendero cómodo y bien marcado nos hace descender hacia el río, inicio propiamente de la ruta.
Aquí aún íbamos agrupados, dicharacheros, difrutando de un día que por momentos amenazaba pero que, finalmente, fue piadoso con nosotros.
Y aquí vemos a Moha, estudioso él memorizando la ruta, no fueramos a perdernos
Hasta que una acomodatica mesa de picnic apareció en un recodo del camino y los sendraistas, en plan "ya que estamos" hicieron correr las primeras viandas del día.
Con algo menos de peso en los macutos (peso que, gustosamente, se trasladó a los estómagos) continuamos el camino, en el que empezaban a asomar las primeras flores de la jara.
Ascendemos ahora por una pista, también bastante cómoda,
que nos lleva al punto más alto de la excursión
El camino es ahora un sendero que transcurre paralelo al río y el grupo vuelve a dispersarse, cada cual con sus cuitas, fotos y conversaciones.
Nuevo agrupamiento para descansar y tomar el sol, que ya lo veníamos echando en falta.
Una nueva mesa de picnic (qué fino esto del picnic, oye), nos sugirió una nueva parada
Aunque hay quien prefiere solazarse al sol en una roca, que sobre gustos no hay nada escrito, al menos nada definitivo
Después de la comida y el subsiguiente reposo, afrontamos el último tramo de la senda
Ahora un poco más abrupta
Siempre al lado del río
Que nos devuelve al punto de inicio, desde donde tenemos que remontar y lo que era una suave bajada es ahora una subida un poco más costosa, pero sin exagerar.
Ya que en la susodicha subida hicimos amistades que nos miran desde el otro lado de la verja, entre incrédulas y asustadas
Culminamos la subida con una última parada en este pinar frondoso
Antes de dar con nuestros huesos en la parada del autobús que habría de devolvernos a Moncloa
Aunque, también aquí, cada cual espera en la posición y lugar que mejor le cuadra.
Y llegó el bus y volvimos a Madrid, quedando citados para la próxima, siempre con nuestros mejores propósitos de senderaistas.
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