martes, 17 de noviembre de 2015

Camino Schmid

Ruta conocida y hollada por todo montañero o aprendiz de de tal que se precie, el Camino Schmid permite dar un cómodo paseo desde Navacerrada hasta Cercedilla. 
Digamos para los curiosos, que se trata del primer camino señalizado en la sierra, y que lo fue por un suizo de culo inquieto, Eduard Schmid, que ignoramos en qué circunstancias, dio con sus huesos en la sierra del Guadarrama, haciéndose socio de la Real Sociedas Española de Alpinismo de Peñalara. 
Y allá que nos fuimos, emulando éste y otros pioneros,  Mª Ángeles Marta (nueva y bienvenida al grupo) Julián y Jose.
Aquí tenemos a los cuatro, aunque a Jose sólo se le intuye detrás de la cámara.



Y aquí deshaciendo el posado y captados en acrobática posición, no exenta de riesgo



Mientras avanzamos por la umbría de siete picos, no nos resistimos a mirar atrás, para ver la Peña Cítores (meta próxima de los senderaistas) y la cima de Peñalara que quizá nos planteemos cuando nuestros cuerpos y, sobre todo nuestros espíritus, estén en mejor forma.
 
En el paseo realizamos importantes hallazgos.
Setas.




El lecho seco de un arroyo



Más setas




Y un gnomo del bosque. ¡Ah no! es Julían genuflexo en observadora pose para captar mejor  los matices del pedazo de amanita que se ha topado.




Seguimos nuestra labor exploratoria



Si bien Marta ya estaba un poco harta de las dichosas setas. Aunque en otoño y en el bosque, tampoco vamos a encontrar una ración de boquerones, aunque es una idea.



Pasado el puerto de la Fuenfría en donde descansamos un rato, pero solo un rato: espoleados por el clásico viento de la sierra (de quien se dice que no apaga un candil pero mata a una vieja) emprendimos el descenso por la calzada romana, que hay que ver como me la tienen (claro, que después de 20 siglos,...)



Y así, pian pianito, continuamos el descenso, acaso recordando o suponiendo como sería por aquí el trasiego entre Titulcia y Segovia, o en tiempos más recientes, las cuitas de cada peregrino que elige este Camino para llegarse a Compostela. 



Hasta encontrar a ¡la araña más fotografiada de la historia! Queden avisados por la presente los responsables jurídicos de RAIS: no sería raro recibir una demanda de derechos de imagen.




Después de despedirnos cortésmente del pintón insecto,continuamos nuestro descenso hasta llegar a la Pradera de los Corralitos; allí, al cobijo de un panel de madera que informa o confunde (no nos quedó claro) sobre los itinerarios de la zona, nos sentamos a comer.

No de forma copiosa, pero si variada y, sobre todo, con el hambre azuzada por el camino, lo cual hizo que el trámite se despachara con prontitud.



Y no hubo más, que no fue poco, continuamos hasta Cercedilla desde donde el autobús no llevó a Moncloa y nos despedimos hasta la próxima, a la que estáis invitados.


No hay comentarios:

Publicar un comentario