Parecía que el tiempo no nos iba a acompañar, por lo que decidimos hacer una ruta tranquilita por la Casa de Campo, para evitar siniestras tempestades en la sierra de Madrid. Y, además de hacernos muy buen día, esta zona nos dio gratas sorpresas porque recorrimos unos lugares en los que no habíamos estado nunca ¡y tenían unas vistas maravillosas!
¡Aquí están los sendeRAIStas!
El comienzo de la ruta fue dirigido por Jose, que es el que más conoce la Casa de Campo.
Pero después
de un pequeño descanso
comenzamos un camino,
desconocido para todos nosotros,
hacia el famoso lago
de la Casa de Campo.
Fuimos intuyendo el recorrido y por el camino nos encontramos con unos cuantos miradores preciosos donde podíamos ver la arquitectónica de la ciudad de Madrid.
No, esto no podía quedar así. No todo podía ser perfecto. Algunos de los senderos que tomamos estaban un tanto embarrados. ¡Y no os podéis ni imaginar cómo acabaron nuestros zapatos!
...
Un momento, ¡sí que podéis! ¡¡Porque tenemos fotos!! Mirad cómo nos quitamos el barro.
Un palo, un trozo de rama, una piedra o incluso un árbol entero. Nada era lo suficientemente efectivo como para poder quitarse esos kilos de barro que todos habíamos acumulado en nuestra suela...
Volviendo a eso del "camino apacible y alegre". Nos hizo un día sorprendentemente bueno, así que seguimos andando hasta llegar al lago, donde tuvimos que hacer una visita obligatoria al plátano gordo... ¡Y aquí estamos!
Finalizada la ruta, no puedo sino dejaros una foto de los sendeRAIStas que estuvimos disfrutando de un bonito día en uno de los parques que nos quedan en la ciudad de Madrid.
¡Hasta siempre!
Estuvimos en el cerro Garabitas que, lo he vuelto a consultar, es el punto más alto de la Casa de Campo. También hay que mencionar que al final el día se torció y hacía un frío considerable.
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